El cuerpo
El proceso oncológico contado sin épica obligatoria: tratamientos, fatiga, incertidumbre y la relación cambiante con el propio cuerpo.
Escritora · artista · mujer · superviviente
Una vida escrita desde la raíz. Un universo hecho de memoria, identidad, resiliencia y belleza.
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La casa
“Mi poder y mi consuelo residen en la palabra escrita.”
Este espacio reúne las distintas Noemís: la que escribe para entender, la que pinta para respirar, la que lidera desde el cuidado y la que transforma la memoria en un lugar habitable.
Trayectoria
Su recorrido une dos mundos que rara vez se presentan juntos: el rigor corporativo y la mirada de una creadora.
Formada en Oxford College of Marketing, ha desarrollado una sólida carrera como Executive Assistant en entornos internacionales y de alta exigencia, entre ellos KPMG España. Su experiencia abarca coordinación ejecutiva, comunicación profesional, organización y acompañamiento a equipos directivos.
Hoy también aporta esa visión como Executive Director de M.O. Black Excellence Management: estructura con alma, detalle con propósito y representación entendida como una forma de justicia.
Superviviente




El cáncer y la salud mental atraviesan la historia de Noemí, pero no la resumen. Esta es una mirada honesta al miedo, al cansancio, a los días difíciles y a la reconstrucción que comienza cuando una decide seguir estando.
Seguir su historia en @_mevienefatal_ ↗El proceso oncológico contado sin épica obligatoria: tratamientos, fatiga, incertidumbre y la relación cambiante con el propio cuerpo.
Hablar de salud mental también es cuidarse. Nombrar lo que ocurre, pedir ayuda y respetar los ritmos forma parte del camino.
Entre revisiones, pausas y aprendizajes, permanece el humor: no como evasión, sino como una manera profundamente humana de respirar.
Testimonios y experiencias
Este espacio crecerá de forma ordenada con relatos en primera persona, experiencias compartidas y aprendizajes que puedan acompañar a otras personas.
Vivencias de Noemí, organizadas por etapas y momentos del proceso.
PróximamenteDonato comparte lo que significa caminar al lado de la persona que amas cuando la vida deja de parecerse al plan.
Leer el testimonioReflexiones útiles nacidas de lo vivido, sin recetas ni discursos perfectos.
Espacio reservado
Voces que acompañan · Primer testimonio
El cáncer lo tenía ella. La enfermedad mental también. Pero cuando enferma la persona que amas, hay una parte de ti que entra con ella en cada consulta, en cada quirófano y en cada noche en la que no sabes qué va a pasar mañana.
He pensado muchas veces cuál es mi lugar en toda esta historia.
Y todavía no estoy seguro de tener la respuesta.
Porque esta es la historia de Noemí. De su cuerpo. De sus cicatrices. De sus miedos. De las veces que ha tenido que enfrentarse al cáncer y de una batalla por su salud mental que probablemente sea mucho más difícil de explicar a quien nunca la ha vivido de cerca.
Yo solo puedo contar lo que significa estar al otro lado.
Acompañar.
Una palabra aparentemente sencilla para algo que, en realidad, puede cambiarte la vida.
Durante años he acompañado a la mujer que amo por hospitales, consultas, pruebas, operaciones, diagnósticos y esperas.
Sobre todo esperas.
Esperar un resultado.
Esperar una llamada.
Esperar que una operación termine.
Esperar que el médico entre por una puerta y, antes incluso de que hable, intentar adivinar la respuesta en su cara.
El cáncer te enseña rápidamente que existen minutos que duran horas.
También te enseña que la vida puede cambiar con una frase pronunciada dentro de una consulta.
Y nosotros hemos escuchado demasiadas.
Durante mucho tiempo pensé que mi responsabilidad era ser fuerte.
Resolver.
Organizar.
Buscar médicos. Hacer preguntas. Entender informes. Estar pendiente de los niños, de la casa, del trabajo, de las citas y de todo aquello que pudiera quitarle un problema de encima.
Supongo que era mi manera de luchar contra algo contra lo que, en realidad, yo no podía luchar.
Porque hay una de las cosas más duras que he tenido que aprender durante estos años:
amar muchísimo a alguien no significa que puedas salvarlo de todo.
Puedes estar.
Puedes cuidar.
Puedes abrazar.
Puedes buscar ayuda.
Puedes sentarte durante horas a su lado.
Pero no puedes entrar en su cuerpo y recibir la quimioterapia por ella.
No puedes ocupar su lugar en un quirófano.
No puedes quitarle el miedo cuando llega una nueva prueba.
Y tampoco puedes entrar en su cabeza y ordenar aquello que, en determinados momentos, su mente no consigue ordenar.
Aceptar eso ha sido probablemente una de mis mayores derrotas.
Y, con el tiempo, también uno de mis mayores aprendizajes.
Creíamos conocer la enfermedad.
Habíamos aprendido palabras que ninguna familia quiere aprender. Habíamos normalizado hospitales que nunca deberían convertirse en lugares familiares. Habíamos aprendido incluso a convivir con el miedo a que el cáncer pudiera volver.
Pero entonces apareció otra batalla.
La salud mental.
Y descubrí que existen enfermedades que no aparecen en una radiografía.
Dolores que no llevan vendajes.
Heridas que pueden estar delante de ti y que, aun así, eres incapaz de comprender completamente.
Para alguien como yo, acostumbrado a buscar soluciones, aquello fue especialmente difícil.
Porque mi primera reacción volvía a ser la misma:
¿Qué hago?
¿Qué tengo que decir?
¿A quién llamo?
¿Cómo puedo ayudar?
¿Cómo consigo que vuelva?
Hasta que empiezas a entender que algunas preguntas no tienen una respuesta inmediata.
Y que acompañar a una persona que atraviesa un problema grave de salud mental exige algo mucho más difícil que encontrar soluciones: exige aprender a estar presente incluso cuando no entiendes completamente lo que está ocurriendo.
Hay una parte de estas historias de la que hablamos poco.
La persona enferma ocupa, como debe ser, el centro.
Pero alrededor hay una familia que también intenta sobrevivir.
Hay hijos.
Hay parejas.
Hay padres, hermanos y amigos.
Personas que muchas veces lloran donde nadie las ve porque sienten que no tienen derecho a derrumbarse.
Yo también he tenido miedo.
Muchísimo.
He sentido impotencia.
He sentido rabia.
He estado cansado.
He tenido momentos en los que pensaba que podía con todo y otros en los que me preguntaba cuánto tiempo más sería capaz de sostenerlo.
Y también he sentido culpa por sentirme cansado.
Porque cuando ves sufrir a la persona que amas parece casi obsceno reconocer que tú también estás agotado.
Hasta que entiendes algo fundamental:
el acompañante también necesita ser acompañado.
Necesita hablar.
Necesita ayuda.
Necesita descansar.
Necesita poder decir alguna vez «no puedo más» sin que eso signifique «no te quiero más».
Ojalá hubiera entendido antes que cuidarme también formaba parte de cuidarla.
Esta quizá sea la frase que más me ha costado aceptar.
No soy el salvador de Noemí.
Soy su marido.
Su compañero.
La persona que decidió compartir la vida con ella cuando compartir la vida significaba viajes, proyectos, hijos, discusiones absurdas, sueños y planes…
y también cuando empezó a significar oncología, quirófanos, medicación, incertidumbre y salud mental.
Durante mucho tiempo confundí acompañar con proteger.
Después confundí proteger con solucionar.
Hoy intento entenderlo de otra manera.
Acompañar es decir:
No puedo vivir esto por ti, pero no tienes que vivirlo sola.
Y quizá eso sea suficiente.
Cuando miro a Noemí no quiero ver únicamente una paciente.
Ni una superviviente de cáncer.
Ni un diagnóstico de salud mental.
Veo a Noemí.
La mujer de la que me enamoré.
La madre.
La hija de Susana.
La mujer que escribe.
La que tiene un sentido del humor capaz de aparecer en los momentos más inoportunos.
La que se enfada.
La que tiene miedo.
La que algunas veces puede con todo y otras simplemente no puede.
La que ha tenido que reconstruirse tantas veces que probablemente ya haya perdido la cuenta.
Y sigue aquí.
No voy a romantizarlo.
Hay cicatrices que no hacen más fuerte a nadie. Hay cosas que, si pudiéramos elegir, borraríamos mañana mismo de nuestra historia.
Pero también hemos aprendido a mirar la vida de otra manera.
A celebrar cosas pequeñas.
A relativizar problemas que antes parecían enormes.
A entender que mañana no está firmado en ningún contrato.
Y, sobre todo, a estar.
No tengo una fórmula.
Después de todos estos años, desconfío bastante de quien asegura tenerla.
Solo puedo compartir lo que yo he aprendido.
No necesitas tener siempre las palabras correctas.
No tienes que ser fuerte todos los días.
Pedir ayuda no significa abandonar a la persona que quieres.
Cuidarte no es egoísmo.
Y habrá momentos en los que no puedas hacer absolutamente nada para cambiar lo que está ocurriendo.
Quédate.
Escucha.
Pregunta qué necesita en lugar de decidirlo siempre por ella.
Respeta sus tiempos.
Y cuando sea necesario, busca ayuda profesional.
Porque el amor puede acompañar muchísimo.
Pero el amor no sustituye a la medicina, a la psicología ni a la psiquiatría.
Yo tardé tiempo en entenderlo.
No sé cómo termina esta historia.
Quizá porque todavía estamos escribiéndola.
Hay días buenos.
Hay días malos.
Y hay días normales, que después de todo lo vivido he aprendido a considerar extraordinarios.
Ya no intento salvar a Noemí.
Intento caminar a su lado.
A veces sujetándola.
A veces dejando que sea ella quien me sujete a mí.
A veces simplemente sentándonos juntos mientras pasa la tormenta.
Después de tantos años buscando una definición de lo que significa acompañar, quizá sea mucho más sencillo de lo que pensaba:
seguir estando cuando la vida deja de parecerse al plan que habíais hecho juntos.
Y yo sigo aquí.
A su lado.
Donato Malango
Marido, compañero y acompañante.

El libro
Memoria. Identidad. Pertenencia.
En diecinueve capítulos, Noemí construye una narración donde lo íntimo conversa con lo fantástico. Jada atraviesa el amor, el miedo, el silencio heredado y la sombra hasta poder mirarse completa: con sus grietas, sus raíces y su luz.
No es un libro sobre el negro como ausencia. Es el negro como elección, defensa, dignidad y origen. Una historia que abre una puerta al amor propio, al espejo y a todo aquello que necesitamos integrar para seguir caminando.
“Antes era defensa. Hoy, es elección.”
Próximamente · Primera edición
Escritos
El archivo completo, recuperado y reunido aquí para que cada texto pueda leerse sin salir del universo de Noemí.
Siete escritos publicados entre 2010 y 2013. Una voz que explora identidad, amor, raíz y supervivencia.
Mamá · La raíz
A mi amor primigenio e infinito. Mamá.
Susana es origen, brújula y memoria. La mujer cuya fortaleza cotidiana convirtió los problemas en camino y el cuidado en una forma silenciosa de liderazgo.
Su presencia atraviesa la escritura de Noemí: en las madres coraje, en las casas llenas, en la protección, en la capacidad de levantarse y en esa certeza profunda de que nada muere del todo cuando se recuerda con amor.
Universo creativo



